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    Golpe de calor en personas mayores: claves para prevenirlo durante el verano

    29 de octubre de 2026 6 min de lecturaPor Alejandro Romero, enfermero colegiado nº 12386

    Con la llegada del verano y las altas temperaturas, el organismo de las personas de edad avanzada se enfrenta a un desafío considerable para mantener su equilibrio. El envejecimiento reduce de manera natural la capacidad de adaptación al calor ambiental, lo que incrementa el riesgo de deshidratación y descompensaciones generales. Conocer las pautas básicas del día a día resulta indispensable para prevenir el golpe de calor en personas mayores y garantizar un entorno seguro y confortable.

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    Por qué las personas mayores son más vulnerables al calor

    A medida que cumplimos años, los mecanismos de termorregulación de nuestro cuerpo pierden eficacia. La piel reduce progresivamente su capacidad de sudoración y la circulación sanguínea periférica responde con mayor lentitud ante los incrementos térmicos bruscos. Todo esto hace que al organismo le cueste mucho más disipar el exceso de temperatura acumulado.

    A este factor fisiológico se suma una disminución muy común en la sensación de sed. Muchas personas mayores apenas sienten la necesidad de beber agua a lo largo del día, aun cuando su cuerpo ya muestra carencia de líquidos. Si a esto añadimos la presencia frecuente de patologías crónicas (como afecciones cardiovasculares o respiratorias) y el uso de medicaciones habituales que favorecen la pérdida de líquidos o alteran la percepción de la temperatura, el nivel de vulnerabilidad se multiplica.

    • Pérdida progresiva del reflejo de la sed con el paso de los años.
    • Menor capacidad para sudar y liberar calor corporal de forma eficaz.
    • Mayor prevalencia de enfermedades crónicas que dificultan la respuesta orgánica.
    • Tratamientos farmacológicos continuados que requieren un control más estrecho en verano.
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    Señales de alerta: cómo reconocer a tiempo el problema

    Un golpe de calor rara vez aparece de manera fulminante sin avisos previos. Por lo general, suele comenzar con un estado previo conocido como agotamiento por calor, una fase en la que todavía estamos a tiempo de intervenir antes de que se convierta en una emergencia médica grave. Estar atentos a pequeños cambios en la conducta o en el aspecto físico de nuestro familiar es la mejor herramienta de prevención.

    Entre los primeros signos destacan el decaimiento inusual, la boca seca, la sensación de mareo al incorporarse, la debilidad muscular generalizada y los dolores de cabeza leves. Si el cuadro avanza hacia un golpe de calor propiamente dicho, el cuadro clínico se agrava con rapidez: la piel suele presentarse muy caliente, enrojecida y en ocasiones completamente seca, acompañada de una temperatura corporal muy elevada y alteraciones en el estado de conciencia.

    • Sensación de confusión, desorientación espacial o somnolencia excesiva.
    • Dolor de cabeza punzante, náuseas o inapetencia repentina.
    • Respiración acelerada y pulso rápido o débil.
    • Piel caliente al tacto y ausencia notable de sudoración.
    • Inestabilidad al caminar o pérdida transitoria de fuerza.
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    Hidratación y alimentación consciente en los meses de calor

    La piedra angular para prevenir el golpe de calor en personas mayores reside en asegurar un aporte hídrico continuo y adecuado, sin esperar en ningún caso a que la persona exprese que tiene sed. Es conveniente tener siempre a la vista un vaso o una botella pequeña con agua fresca y ofrecer pequeños sorbos de manera periódica a lo largo de toda la jornada.

    La dieta también juega un papel determinante en el mantenimiento hídrico. Durante las semanas más calurosas conviene priorizar preparaciones ligeras, de fácil digestión y con alto contenido en agua, como gazpachos, cremas frías de verduras, caldos tibios y fruta fresca de temporada cortada en porciones cómodas. Conviene limitar los platos copiosos, muy condimentados o con exceso de grasas, ya que elevan la temperatura metabólica interna durante la digestión.

    • Ofrecer agua o infusiones suaves en pequeñas cantidades cada hora de forma pautada.
    • Incluir frutas ricas en agua como sandía, melón, peras o naranjas en meriendas y desayunos.
    • Evitar bebidas con alto contenido en azúcar o con cafeína, que pueden alterar el balance hídrico.
    • Prescindir totalmente del consumo de bebidas alcohólicas, ya que aceleran la deshidratación.
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    Cómo acondicionar la vivienda y organizar las rutinas diarias

    El domicilio debe convertirse en un refugio fresco frente al calor exterior. Para lograrlo de forma sencilla, la mejor estrategia es ventilar la casa a primera hora de la mañana o durante la noche, cuando la temperatura baja en el exterior, y mantener persianas y cortinas cerradas durante las horas de mayor insolación. De esta forma se reduce de forma notable la acumulación térmica en las habitaciones principales.

    Asimismo, es imprescindible reorganizar los horarios de las salidas a la calle y de las actividades cotidianas. Las gestiones, paseos o visitas médicas deben programarse temprano por la mañana o a última hora de la tarde, evitando salir entre las doce del mediodía y las seis de la tarde. La ropa debe ser ligera, holgada, de tejidos naturales transpirables (como el algodón o el lino) y de colores claros que no retengan la radiación solar.

    • Bajar persianas y correr cortinas en las fachadas donde incide el sol directo.
    • Utilizar ventiladores para mover el aire, procurando que el flujo directo no incida sobre la persona.
    • Si se usa aire acondicionado, mantener una temperatura estable y confortable, en torno a los 24-26 grados, evitando corrientes frías directas.
    • Vestir prendas transpirables, calzado cómodo y proteger la cabeza con sombreros o gorras al salir.
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    Cómo actuar ante una sospecha de golpe de calor

    Si a pesar de las medidas preventivas sospechamos que una persona mayor está sufriendo un golpe de calor o presenta síntomas de deshidratación avanzada, debemos actuar con serenidad y rapidez. Lo primero es trasladarla inmediatamente a una habitación fresca, con sombra o con ventilación adecuada, ayudándola a tumbarse con las piernas ligeramente elevadas si no presenta dificultad para respirar.

    A continuación, retiraremos el exceso de ropa y aplicaremos paños de agua fresca (no helada) en zonas estratégicas como la frente, el cuello, las axilas y las ingles para ayudar a descender la temperatura de forma gradual. Si la persona está consciente y orientada, podemos ofrecerle pequeños sorbos de agua templada o fresca. Si por el contrario muestra confusión, somnolencia profunda o vómitos, no debemos forzarla a ingerir líquidos bajo ningún concepto y debemos solicitar asistencia sanitaria de urgencia de inmediato a través del 112.

    • Llamar al teléfono de emergencias (112) si hay confusión, pérdida de conocimiento o fiebre muy alta.
    • Colocar a la persona en un entorno fresco y ventilado mientras llega la ayuda.
    • Aplicar compresas húmedas en frente, cuello e ingles para favorecer el enfriamiento pasivo.
    • No administrar medicamentos antitérmicos sin indicación médica expresa, ya que su origen no es infeccioso.

    Este artículo tiene carácter exclusivamente divulgativo e informativo y no sustituye la valoración clínica, el diagnóstico ni el tratamiento pautado por profesionales de la salud. Si tienes dudas sobre el estado de salud de una persona mayor o sospechas de una emergencia por calor, contacta de inmediato con los servicios médicos o acude al centro sanitario más cercano.

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